LA SIERRA CONVULSA - CHOZAS DE LA SIERRA

CHOZAS DE LA SIERRA (SOTO DEL REAL) DURANTE LA IIª REPÚBLICA, LA GUERRA CIVIL Y EL PRIMER FRANQUISMO

Introducción: Chozas de la Sierra a principios del siglo XX.

Este trabajo se va a centrar en un periodo corto de la historia de Chozas de la Sierra pero intenso en acontecimientos, concretamente entre 1931 y 1941. La rutina de la vida local quedó, en dicho periodo de tiempo, supeditada a las fuertes sacudidas que procedieron del exterior al quedar dicha localidad insertada en la retaguardia republicana durante todo el tiempo que duró la guerra civil.

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Bien es cierto que la política nacional y sus consecuencias directas en Chozas de la Sierra fueron muy importante pero debemos atender, en un fino análisis, la captación de las respuestas que dieron los locales ante tal situación. Las fuerzas que actuaron durante dicho periodo (las milicias, las tropas republicanas, los sindicatos y partidos políticos…) influyeron, sin duda, en la vida cotidiana de esta población con todo su poderío. Los locales tuvieron que aceptar este nuevo contexto dirigido aunque supieron, en función de los intereses personales y grupales que se auto-organizaron, otorgar una impronta local a la vida cotidiana.

Por ello, es fundamental entender cómo era Chozas de la Sierra en el primer tercio del siglo XX. Era una población eminentemente rural en la que toda su población activa estaba directa e indirectamente relacionada con la actividad agrícola y ganadera, con pocos aspectos fundamentales diferentes desde periodos históricos anteriores1. Era, además, una pequeña población. El censo de 1930 proporcionaba los siguientes datos: el total de habitantes era de 460 con 231 varones y 178 mujeres, siendo los casados 66 y las casadas 67. Mientras tanto, entre la población masculina 138 sabían leer y escribir y 93 eran analfabetos. Y entre la población femenina, existía más equilibrio entre las mujeres que sabían leer y escribir, 90 en total, mientras que 88 eran analfabetas.

Pero sobre todo, debido a sus características propias, su actividad agrícola y ganadera estaba dominada por propietarios no residentes en la localidad. Las fincas más productivas del término municipal pertenecían a forasteros, situación que ya podemos documentar en épocas antiguas como el siglo XVI, obligando al concejo de Chozas de la Sierra a firmar concordias con los pueblos limítrofes para evitar usurpaciones, abusos y sobre todo el respeto a sus propios espacios. Por ello, el concejo de Chozas de la Sierra tuvo que dejar claro los límites de su ejido y dehesas, lugares comunes de vital importancia para el sostenimiento de su población. El resto del término municipal estuvo, en gran parte, en manos de propietarios de pueblos colindantes. Antes de las desamortizaciones de mediados del siglo XIX, existía una gran presencia de propiedades relacionada con vínculos eclesiásticos como capellanías y obras pías de Colmenar Viejo y Miraflores o Manzanares el Real, todas ellas vendidas, pasando a manos privadas, muchas de ellas, residentes en las localidades colindantes a Chozas de la Sierra.

Esta peculiaridad de la distribución de la propiedad en el término de esta localidad resulta importante para entender su estructura social a primeros del siglo XX. Potentes propietarios (algunos de reses bravas) poseían grandes y fructíferas tierras rústicas y prados como Máximo Hernán de Colmenar Viejo, dueño de la finca los “Rancajales” con una extensión de 130 hectáreas. No solían vivir permanentemente en esta localidad dejando los asuntos cotidianos de sus haciendas en manos de administradores que pertenecían a esta localidad. Por ello, los lazos contractuales entre una élite de propietarios forasteros y otra élite local, también propietaria pero en menor medida que los primeros, forjaron alianzas interesadas. Esta jerarquización económica pero también social se caracterizaba por estar íntimamente entramada en su parte superior debido a estos lazos contractuales, sellados por vínculos de amistad y de parentesco.

A medida que bajamos dicha estructura piramidal, hallamos su ensanchamiento debido a la mayor presencia de pequeños agricultores con escasas propiedades propias para poder mantener a sus familias y donde han de buscar más posibilidades de trabajo contratándose como medieros si las disponibilidades económicas lo podían permitir y, en su defecto, como obrero campesino en diferentes momentos especiales de las cosechas (la siega por ejemplo). Eran complementos necesarios para su supervivencia. Por ello, otro tipo de lazos contractuales estaban presentes solidificando las relaciones sociales entre diferentes niveles. Todo este entramado social daba la sensación de un contexto local coherente, sin fisuras ni contradicciones, todo ello arropado por cierto conservadurismo para evitar romper este peculiar equilibrio.

Este contexto tuvo su expresión política en la conformación de un grupo selecto de vecinos de Chozas de la Sierra con la intención de consolidarse como élite política. Estos elegidos solían ser estos vecinos que copaban los cargos municipales, repitiendo año tras año su interés por dirigir la vida local. Y esta élite local solía ser aquellos vecinos propietarios muy vinculados con los grandes hacendados forasteros. Dicha élite no podía ser más que conservadora a todos los niveles puesto que eran un elemento importante de la cohesión de la estructura social y económica del lugar. En muchos casos, se asociaba una familia determinada con una categoría especial entre los locales, la de elegible. Era un plus simbólico de vital importancia que les diferenciaba de otros vecinos a la hora de las elecciones locales.

Bien es cierto que la consolidación de los que llamaron más tarde este sistema “el caciquismo”, también se ejercía en sus relaciones con otras instancias del poder, el del gobernador provincial por ejemplo, pieza clave para entender las buenas relaciones entre los miembros de la élite local y su conexión con otros parámetros del poder central. Ambos, la esfera central del poder y la esfera local estaban conectados mediante esta peculiar forma política. También ayudaba el sistema electoral imperante en esos momentos de la monarquía de Alfonso XII y Alfonso XIII. La ley electoral en vigor no permitía la presencia de mujeres votantes, quedaban excluidas así como los varones menores de 25 años. En consecuencia, la escasa colaboración de los vecinos en los asuntos políticos locales quedaba en manos de unos pocos, ahondando en ese conservadurismo latente de los ambientes rurales.

La dictadura de Primo de Rivera fue un intento, eso sí, frustrado de regeneración por arriba de la vida política y económica de este país. La imposición por parte del dictador (sin pasar por procesos electorales) de colocar entre los gobernantes locales a los vecinos más pudientes no tuvo los efectos deseados. En el caso de Chozas de la Sierra, los cambios entre el periodo monárquico y el posterior de la dictadura no fueron especialmente rotundos. En líneas generales, las mismas personas siguieron optaron a los mismos cargos. Podemos evaluar dichos cambios políticos con los cuadros siguientes correspondientes al periodo de la dictadura de Primo de Rivera.

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1 . Ver como muestra el libro colectivo: “Chozas de la Sierra. La construcción del espacio del agua en Soto del Real (Madrid)” (2012) donde estructuras y complejos estructurales creados durante la Edad-Media han perdurado hasta la actualidad.

Modificado por última vez en Viernes, 03 Junio 2016 16:38

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