LAS COFRADÍAS DE LA SIERRA

Normas y tensiones en la religiosidad local
(siglos XVII, XVIII y XIX)
Roberto Fernández Suárez

Introducción
William Christian apunta en su libro sobre religión local en el siglo XVI en Castilla: “Las reliquias han podido ser, como Peter Brown apunta, la base común de la Cristiandad, uniendo a los cristianos del occidente europeo de manera más segura que las peregrinaciones. Pero a tenor de las Relaciones Topográficas mandadas realizar por Felip II, las reliquias, en el siglo XVI, parecen haber tenido un efecto opuesto, el reforzar el orgullo comunitario y el localismo”.

Según este párrafo, que comenta algunas de las características propias que tuvieron las reliquias y su impacto entre los fieles, se pueden observar dos polos opuestos, dos posibles estrategias, dos caras contrapuestas de una idéntica tensa relación. Por una parte, hallamos la presencia de reliquias como un proceso por el cual la Cristiandad se ve unificada y, en cierta media, homogeneizada. Pero, por otro lado, estas mismas reliquias fueron generadoras de diferencias entre comunidades. Unificación y diferenciación, homogeneización y particularización, dos procesos inmersos en un idéntico planteamiento, todo ello amparado oficialmente desde la Iglesia.
No fueron, evidentemente, las reliquias los únicos focos de este proceso. Debemos incluir igualmente las devociones y los cultos a las imágenes religiosas ubicados en altares parroquiales, en ermitas extramuros y en santuarios alejados pero también en la creación, existencia y desarrollo de las cofradías y hermandades religiosas que se fundaron a lo largo del tiempo.

El tema de este estudio se centra en las cofradías de Colmenar Viejo. Encarnaron, por un lado, un ideal explícitamente religioso y devocional. Directamente controladas por las autoridades eclesiásticas, actuaron dentro de un marco normativo muy controlado. Dicho control se ejercía desde los inicios de un proceso de creación de una cofradía. Por ejemplo, sus ordenanzas debían cumplir unos requisitos aprobados por la autoridad arzobispal. Así mismo, moldeaban conductas grupales bajo el prisma de la homogeneización centralizada ejercida por el poder eclesiástico. Éste incidió en el ciclo festivo local con la inserción de un nuevo símbolo religioso, una nueva advocación que había de ser venerada entre los fieles. Incluso el poder eclesiástico podía entrometerse, bajo un estricto control, en las vidas de los feligreses en los momentos más privados de las personas y sus familiares como la muerte. En definitiva, con la presencia activa de las cofradías como modelo de devoción, la Iglesia pretendió extender su política de control, imponiendo pautas regularizadoras y explícitas para todos los feligreses.

Ahora bien, todo ello no es suficiente para poder captar la realidad manifestada mediante la actuación de los cofrades. Como veremos más adelante, se puede observar que existieron puntos de conflicto, abiertos en ciertos casos, y deliberadas tensiones entre esta política religiosa institucional y las comunidades locales o al menos algunos de sus segmentos sociales determinados que generaron sus propias pautas y códigos. Este proceso de tensión se reflejó, igualmente, en las cofradías. Las diferentes estrategias tomadas por las cofradías por salvaguardar sus propios intereses formarán parte del interés principal de este estudio que se centrará en las cofradías de Colmenar Viejo a lo largo del tiempo.

Las ordenanzas como modelo y pauta
Todas las cofradías estuvieron organizadas siguiendo el mismo modelo, según un principio organizativo idéntico. Los estatutos vertebraban al grupo. Según Gabriel Le Bras, existe un miedo permanente que preocupa a los hermanos cofrades, el del gobierno arbitrario. Para ello, intentaron conjurar el peligro mediante la formalización de ordenanzas que imponía, en su articulado, elecciones periódicas, cargos temporales (normalmente anuales) y control de todo tipo.

A continuación, voy a presentar y analizar el perfil de un conjunto de ordenanzas pertenecientes a diferentes cofradías de Colmenar Viejo y de otras poblaciones serranas de los siglos XVII y XVIII. El área geográfica elegida corresponde a los antiguos límites del Sexmo de Manzanares cuyo dueño fue, en el antiguo Régimen, el Duque del Infantado.

Destacan, a grandes rasgos, dos bloques. El primero de ellos está relacionado con la organización interna de las cofradías. Destacaré cinco aspectos relevantes:

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Modificado por última vez en Jueves, 28 Julio 2016 17:20

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