"El voto es muy canalla"

Los espacios legítimos de la  representación política de una  población rural de Madrid 
ROBERTOFERNANDEZSUAREZ
DEPARTAMENTO DE ANTRO PO LOGIA SOCIAL. UNED.
RESUMEN
antropologia m94

En este texto el autor analiza la situación política de una pequeña comunidad rural de la provincia de Madrid en un contexto de cambio social. Realiza en primer lugar un desglose de las diferentes categorías que articulan los diversos niveles de la representación política y su espacio legítimo considerados como propios de su cultura política local. Hace un repaso de carácter histórico de las diferentes modalidades que han acompañado las figuras políticas locales y, finalmente, estudia los distintos impactos y sus consecuencias dentro del en­tramado localmente articulado de la constante integración de la segunda re­sidencia y de sus moradores en la vida política local.

Este estudio se caracteriza por una fundamental ambigüedad. Pretende reconocer las formas del devenir de una comunidad rural cuyo horizonte parece, al menos en su vertiente política, incierto. Su primer paso es in­tentar desgranar las diferentes modalidades que conforman tanto los es­pacios como las representaciones de la esfera política de dicha población. Para ello ha sido sugerente la aportación de David Kertzer cuando afirma  que el antropólogo debería liberarse de cualquier prejuicio etnográfico apoyándose en las herramientas teóricas, definidas en función de socie­dades exóticas, para analizar los símbolos, mitos o rituales, y subrayar la unidad de los procesos políticos que pueden coincidir entre dos culturas distintas (Kertzer, 1992). 

Bien es cierto que la búsqueda de elementos comunes que configuran dicha unidad no debe ser contemplada con categóricas simplificaciones. Por ello, la pretensión de este trabajo no es realizar un juego comparativo de similitudes existentes entre dos culturas distintas, sino más bien expo­ner (si no la unidad) al menos la verosimilitud y coherencia de los meca­nismos puestos en marcha para configurar una lógica de las representa­ciones y espacios políticos de una comunidad rural. Y al mismo tiempo dejar de lado la demostración de que dichas lógicas son comunes tanto para una cultura política local como para entender las manifestaciones políticas en un más amplio ámbito territorial, tal y como lo defiende MarcAbéles (1989, 1990).

Estas lógicas aludidas anteriormente se manifiestan en unas modali­dades tan concretas, como es el lenguaje político filtrado por las relacio­nes sociales (en este estudio, el lenguaje del parentesco), por la extraña dicotomía existente entre candidatos políticos locales y su carácter de elegibilidad, las estrategias en busca de atracción de las continuas altera­ciones de las redes sociales ... Son ejemplos palpables, por decirlo de cier­ta forma, del gradiente más diminuto de una escala cuyos peldaños más elevados se hallan configurados a su manera, creemos, en las esferas más altas de la política.

Se hablaba, al iniciar este estudio, de una cierta ambigüedad en el de­venir político de esta comunidad rural. La irrupción de la modernidad en forma de segunda residencia provoca una situación de ruptura ante lo que posiblemente podemos definir como configuración local de los espa­cios legítimos de lo político. Incierto es su futuro porque esta comuni­dad rural se halla en un proceso de transformación continuado que im­pide proyectar una mirada definitiva sobre las configuraciones políticas ya articuladas. El rasgo más importante introducido por las inquietudes políticas de los moradores de la segunda residencia es el carácter univer­sal de su lenguaje político. El choque que en la actualidad se está produ­ciendo entre la cultura política local y las nuevas formas de sensibilidad política configura un nuevo campo de confrontación, hasta ahora desco­nocido entre los locales y la segunda residencia, entre la cultura política local y los representantes de una visión universalista de la política. 

El futuro incierto de este choque escapa a este estudio. No está en nuestras manos, por el momento, saber cuál será el próximo panorama político local. Pero lo que sí es cierto es que la confrontación entre lo lo­cal y lo universal, en cuanto a formas políticas en juego, no puede enten­derse como el contacto entre dos entidades monolíticas. Ambas esferas están conviviendo, en la actualidad, más bajo la forma del respeto mutuo y la búsqueda de entendimiento como táctica política local, que bajo la forma del conflicto, lo que puede presagiar un futuro común donde am­bas esferas se verán tácticamente asociadas, negociando sus actuaciones. Los períodos electorales son, por ello, uno de los mejores testigos para el análisis de los cambiantes espacios políticos que se van sucediendo cada cuatro años. El futuro será testigo de estas nuevas configuraciones loca­les. Pero esto es otra historia, otra etnografia por hacer.

LAS ELECCIONES LOCALES O LA COMUNIDAD VISTA POR SI MISMA
Este estudio enfoca su temática en los mecanismos que se ponen en mar­cha en los momentos previos a las elecciones, tanto de carácter local co­mo nacional, en una población rural de la Comunidad de Madrid de unos 1800 habitantes. El interés de esta investigación no se centra en las manifestaciones del poder en una pequeña localidad, en su estructura­ción, en su forma de actuar, en las activaciones de sus propios mecanis­mos, en sus estrategias, etc. .. ; no por considerar estos puntos sin interés, sino por la propia perspectiva del enfoque de este estudio que se interesa más por el cómo se puede llegar al poder que por el cómo se manifiesta el poder. La elección de tal vía para analizar las manifestaciones de todos los agentes sociales locales implicados en este proceso tiene un valor en sí; estamos ante una situación de una comunidad rural que está pade­ciendo desde hace unos años grandes cambios estructurales que afectan su propio desarrollo. Es una población que se ve afectada por diferentes olas urbanizadoras, revalorizando su territorio en función de otros pará­metros económicos hasta el momento desconocidos por los nativos. Es una comunidad en proceso de transformación que afecta a todos los as­pectos de la vida local, incluído , por supuesto, el ámbito de la acción política de sus agentes locales. 

La cuestión del poder tiene en las sociedades democráticas occidenta­les modernas, en el momento de las elecciones, uno de sus aspectos más fundamentales. En él, se cambian, mantienen o sustituyen representantes de partidos políticos que serán los que llevarán a cabo durante un tiempo definido una forma de ejercer el poder. En pequeñas comunidades rura­les, como es el caso de Guadalix, el momento de las elecciones locales es parecido a las cualidades propias de un ritual definido por Van Gennep, al menos en su aspecto transformador. Existe un antes y un después del dia de las elecciones. A medida que se va acercando el momento de la votación, la comunidad se va transformando, es testigo de una particular puesta en escena donde la representación política va a jugar un papel de­terminante.

La vida social local parece movilizarse en torno a la elección de unas personas de su propio pueblo que decidieron poner su identidad en la esfera de lo público. Es como si, de las innumerables relaciones so­ciales cotidianas que vertebran la vida social de la comunidad local, del ámbito privado y social de las redes que configuran dicho espacio, pasá­ramos a la esfera de lo público mediante la transfiguración de algunas personas del pueblo en personajes públicos. La vida política local, en el momento de las elecciones, permite un cambio ( o una renovación si se quiere, pero también el mantenimiento) de definición de las personas que deciden presentarse. El cambio de estatus consiste en pasar de ser un elemento más de la larga y compleja cadena de la red privada del ámbito de lo social a ser una persona pública con fuertes connotaciones y pro­piedades relacionadas con la representación política.

He aquí un momento importante de la vida pública local. En el perí­odo electoral, los candidatos que se presentan como cabeza de lista de al­gún partido pretenden todos ellos llegar a un cierto grado de representa­ción. Palabra clave, pero también concepto clave de la vida política de las sociedades democráticas occidentales. Damos la razón a Carlo Ginzburg (1991: 1219-20) cuando aclara que el concepto de representación ha si­do la verdadera palabra clave de las ciencias humanas durante los años ochenta. En dicho trabajo, el autor pretende, como él mismo dice, "des­truír la engañosa familiaridad que tenemos con palabras como representación", y para ello nos habla de dos conceptos de la representación: pri­mero, la facultad para ser un instrumento de un conocimiento mediati­zado que hace ver el objeto ausente sustituyéndole por una imagen capaz de hacérselo recordar tal como es. Y como segunda definición, ésta más interesante, el hecho de sustituír a alguien, de actuar en su lugar en el ejercicio de un derecho, como es el hecho de representar al pueblo en el ejercicio del poder. Las dos definiciones tienen en común, según su au­tor, la representación como evocadora de un principio de sustitución que nos hace recordar una "ausencia''. 

Sin embargo, pensamos que la representatividad es algo más profun­do, al menos en su aspecto electoral como forma teatral (play) (García, Velasco et al., 1991: 12-13). Los candidatos cambian de registro al pre­sentarse a unas elecciones. Como miembros de la comunidad local, se ubican en relación a una red relacional, surcada por tradiciones familia­res, por relaciones amplias de parentesco, amistades, alianzas, etc ...

Toda esta trama, familiar y cotidiana, fuente de compensaciones de diversos ti­pos pero también de enemistades, ha de ser concebida como algo diná­mico en sí. No podemos plantear estas redes como identidades fijas, ya marcadas por el mismo hecho de su estructuración, sino como un con­junto de "potencialidades actualizables según unas situaciones concretas" (Abéles, 1990: 106-107). De esta forma, los candidatos, al poner su identidad privada en la esfera de lo público, no solamente transforman su privacidad, sino que, al estar insertados en una red dinámica de alian­zas de carácter social, revelan dicha situación contextual, fuerzan, me­diante su presentación como candidato, su exposición pública a la vista de todos y canalizan la transformación del individuo en una figura de la representación política local. Se cierra un círculo que ha puesto de relieve una situación perpetrada por el mecanismo del periodo electoral.

La for­mación de las distintas listas, las presentaciones de candidatos como ca­bezas visibles de las mismas para poder competir y atraerse el mayor nú­mero de votos posibles, no son más que una parte de un conjunto ma­yor, la transformación de unas personas en la posibilidad de representar a una comunidad, revelando con las votaciones en qué momento y en qué estado se hallan las redes políticas que surcan el entramado social. La operación del voto en el momento de las elecciones es uno de los mo­mentos cualificados donde se halla actualizado este sistema relacional.

La representatividad de los candidatos que otorga la facultad casi má­gica del proceso electoral a todo aquel hijo del pueblo que pone su iden­tidad en la esfera de lo público no puede concebirse solamente, como co­mentaba C. Ginzburg, en detrimento de una ausencia, es decir la facul­tad de borrar la presencia de todos y su posibilidad de actuar por ellos en su nombre y de atraerse la potencialidad de la acción que se espera de él, sino igualmente como uno de los momentos en que la colectividad se desnuda ante sí misma, exponiendo en torno a la candidatura del político la representación de una presencia viva, c·on sus redes reactualizadas y sus tensiones derivadas. Después de las elecciones, al igual que sucede con el efecto que se espera de un ritual, la comunidad se halla reformulada.

 

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Modificado por última vez en Jueves, 24 Noviembre 2016 21:43

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