Otro apartado, que afectaba directamente a los frentes de la sierra madrileña, es el uso de la artillería pesada como sustituta de la aviación en determinados casos, hecho éste poco conocido. Por ejemplo: Si el ejército nacional dominaba las alturas del Valle del Lozoya desde su vertiente segoviana, podía batir a placer las posiciones enemigas situadas en dicho valle, haciendo uso de la aviación sólo en puntos determinados que no estaban al alcance de la artillería. Ambos bandos utilizaron las mismas piezas: Los obuses Schneider de 155 mm, de grancalibre y alcance. Por su parte, la artillería republicana extendió una segunda línea de frente en el sector de Lozoyuela con el propósito de batir la carretera de Burgos y otras posiciones en caso de avance enemigo, colapsando así su principal arteria logística. En dicha línea existen todavía los fortines para las piezas de 155, de hormigón y bien protegidas. Cuando actuaban, en ocasiones se requería el uso de la aviación cercana (en Lozoyuela existía también un aeródromo) para la corrección del tiro artillero. Este cometido (reconocimiento y corrección de tiro) era posible al disponer de campos de aviación “in situ”. Ver mapa.

Un Guernika en la sierra.
Lozoya, población situada en el centro del valle del mismo nombre, se había convertido en centro logístico de relativa importancia, junto a Rascafría, al ser las dos poblaciones más importantes del valle. En el caso de Lozoya, se daba además la circunstancia de ser el acceso al puerto de Navafría, una estrecha y tortuosa carretera sin asfaltar que daba acceso a la vertiente segoviana. El bombardeo estaba servido y el propósito era reducir a escombros la población, que aquel mismo año de 1936 quedó desierta y destruida. La iglesia también quedó en ruinas, aunque la fachada principal sufrió poco al estar orientada al sur, conservándose intacta su bella portada plateresca. En Marzo de 1938 le tocó el turno a Rascafría. Todas las poblaciones del valle sufrieron de estos bombardeos, aunque los pueblos habían sido desalojados, dada su vulnerable situación con la artillería enemiga dueña de las alturas. Aún es posible visitar las posiciones del ejército nacional en las cumbres, accediendo desde la vertiente segoviana a la altura de Prádena, andando por las pistas que aún siguen en uso. Da la impresión que desde el final de la guerra nadie ha ido por allí.
José Manuel Encinas Plaza
Maquetista –arqueólogo.