La Sierra en el punto de mira

La Sierra en el punto de mira (17)

La Sierra en el punto de mira
Esta nueva sección pretende que la Sierra de Madrid se convierta en el punto de mira sobre multitud de aspectos relacionados con la historia de su paisaje y de sus habitantes. Un punto de mira y de encuentro no solo entre especialistas de diferentes disciplinas, sino también de cuantas personas estén interesadas en el desarrollo histórico de sus localidades o del amplio ámbito geográfico que nos ocupa.

Para ello, mensualmente, fijaremos nuestra atención en los paisajes rurales y urbanos, elementos arqueo-históricos, tradiciones, leyendas o personajes singulares que merezcan ser conocidos por su singularidad, y especialmente cuando merezca su salvaguarda y protección.
Los artículos no deberán sobrepasar las 3 páginas, en formato Word, con un cuerpo de letra 12, debiéndose enviar al correo:

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Hace ahora cien años, es decir, en el año 1922, los colmenareños, tan apegados a sus fiestas patronales seguían con esfuerzo y esmero preparando los actos en honor de su patrona la Virgen de los Remedios, en los que los festejos taurinos tenían un destacado protagonismo; además, desde hacía más de treinta años disponían de una plaza de toros, construida ex profeso donde celebrarlos, lo que sin duda resultaba una cuestión diferenciadora de los demás pueblos del entorno. 

El Ayuntamiento como responsable de que todo ello se llevase a cabo con el mayor esplendor posible, tenía al frente, ese año, como alcalde por designación real, a José Sanz y Sanz, que se hubo de enfrentar a un problema que se repetía con reiterada frecuencia, y que no era otro que el de buscar un empresario que se encargara de organizar los festejos. Se confeccionó el correspondiente pliego y se fijó el día 15 de junio a las 11 de la mañana, como día y hora para la presentación de pliegos; pero como otras muchas veces había ocurrido no se presentó ninguno, por lo que los ediles decidieron hacer una pequeña modificación en el sentido que los gastos de acondicionamiento del coso serían a partes iguales entre el Ayuntamiento y el adjudicatario, pero con la advertencia expresa de que las tablas que conformaban la barrera deberían quedar en perfectas condiciones cuando finalizase la adjudicación, la fecha del 2 de julio fue la nueva fijada, pero se repitió el resultado de no comparecer ningún candidato a empresario 

Tras las excavaciones arqueológicas realizadas en junio de 1994 en tres de las fuentes históricas más emblemáticas de Colmenar Viejo (Colmenarejo García et al., 1997), y su posterior recuperación y puesta en valor, la Fuente del Moralejo revivió (tan bonita quedó) volviendo a ofrecer al caminante el frescor y el reposo de antaño, cuando calmaba la sed de caminantes y ganados en el largo camino entre Segovia y Alcalá de Henares.

Poco duró la alegría. No muchos años después, un mal día, amaneció mancillada, herida en su dignidad, ofendida, humillada: la Fuente del Moralejo había sido pintada, grafiteada por unos desalmados que la despreciaron y vilipendiaron, devolviéndola de nuevo al olvido. Porque al deterioro que ya venía arrastrando por falta de mantenimiento (de nada sirve poner en valor un bien patrimonial si no se realizan las labores necesarias para su conservación) ahora se sumaba el daño cruel de las pintadas, daño muy difícil de reparar, por otra parte, ya que tanto la limpieza química como la mecánica, o la realizada por ablación láser, causan daños permanentes en el granito. Difícil solución.

También lo podríamos titular: “Mucho bombo institucional para que, al final, todo quede en agua de borrajas”. O bien: “Más desprecio y burla al pueblo de Colmenar Viejo” 
Fernando Colmenarejo García. 
Arqueólogo. 
Cercando el campo abierto 

Es indudable que los responsables de la villa de Madrid andaban continuamente con quebraderos de cabeza, como consecuencia de los daños que se producían en el terrazgo del Real de Manzanares. Nombre dado a la antigua demarcación territorial, fijada y tomada por Alfonso X para dirimir las tensiones por su disputa entre los concejos de Segovia y Madrid. Vamos, que ni para uno ni para otro, para el monarca. No en vano, fue apodado “el sabio”. 

El 15 de abril de 1982, hace cuarenta años, se estrenaba en los cines Capitol, Luchana y Carlton de Madrid, Cónan, el bárbaro, un título de John Milius, absolutamente reivindicado en la actualidad, y que en su momento ya fue un auténtico éxito. No fue solo un estreno nacional, si no mundial, ya que la película se había rodado en España, y la productora quiso tener una deferencia con nuestro país.

Dedicado a Miguel Fontecha, Sebastián Torres y Mariano de Andrés 
El pasado viernes, 25 de marzo, se presentó en la Casa de la Juventud, de Colmenar Viejo, el número 36 de la Revista de Investigación “Cuadernos de Estudios”. Como de costumbre, la organización permite a los autores presentar su artículo durante unos minutos. En el último de ellos, dedicado al resumen que cada temporada realiza extraordinariamente la Asociación cultural “Conocer Colmenar caminando”, su autor, Sebastián Torres, denunció el cambio de un topónimo en la dehesa de Navalvillar, y en concreto al hecho de utilizar el nombre de “Navalahija” para un yacimiento arqueológico, cuya ubicación se encuentra en la margen izquierda del arroyo de Tejada, por lo que su registro toponímico se corresponde con el de “Valdepuercos”. 

La práctica del carboneo hunde sus raíces en la antigüedad. Desde hace milenios el ser humano ha fabricado carbón vegetal para combatir el frío, calentar la comida o alimentar los hornos que darían vida a las herramientas necesarias en su día a día. Dicha práctica, ha acompañado intensamente nuestras vidas hasta mediados del siglo pasado, perdurando hoy día como combustible en alguna que otra barbacoa veraniega. Pero este aprovechamiento llegó a ser tan intenso, y en algunos casos, incluso tanabusivo y devastador, que tuvo que regularse desde época muy temprana por diferentes leyes y ordenanzas.

Fernando Colmenarejo García 

Arqueólogo 

Dicen que vamos por la sexta ola de la pandemia, que viene a ser una especie de tsunami traumático, y que nos ha llevado a vivir entre colas para acceder a ciertos establecimientos, auto-confinamientos, bajas laborales, fiestas navideñas perdidas, preocupación, malestar social y lo peor… muertes. Desde su origen, en marzo de 2020, alentados por los consejos sanitarios, aunque con un cierto porcentaje social desconfiado, creíamos caminar apresuradamente por el interior de un túnel desconocido, esperanzados en encontrar la luz de su embocadura final. Por ello, es necesario reflexionar sobre determinados aspectos de las pandemias, y como recomendación, siempre es bueno tener presente las vicisitudes que sufrieron nuestros antepasados sobre este tipo de episodios. Así, para la sección de este mes de febrero de 2022: “La Sierra en el punto de mira”, mi intención es exponer las medidas que se tomaron para frenar la peste de finales del siglo XVI en Buitrago y su tierra, conformada, en general, por el valle del Lozoya y los pueblos de la sierra norte. Con seguridad, ello nos permitirá recordar situaciones vividas en la actualidad, y, por tanto, la necesidad de poner la historia al alcance de quienes tienen responsabilidades en la gestión sanitaria, especialmente como servidores públicos, en la esperanza que sus medidas sean racionales, sobre todo hacia los más necesitados. 

María José Mendoza Traba 
Juan José Cano Martín 
RENO ARQUEOLOGÍA 

La Casa del Bosque de Buitrago del Lozoya (Madrid) fue originariamente (mediados del siglo XVI) un pabellón de caza consistente en una construcción rectangular de dos plantas, en la que las estancias se distribuían alrededor de una habitación cuadrangular central más elevada y cubierta por un chapitel. 

Este edificio primigenio se completaba hacia el sur con un jardín ordenado por una fuente central que hacia eje con un ninfeo ornamental al pie de la casa, y se cercaba por un potente muro de mampostería que remataba en dos torreones en sus ángulos meridionales. 

Este primer edificio acabó arruinado. En una segunda etapa la edificación es sometida a una importante transformación, volviendo a ser el espacio central el generador de la nueva obra, el antiguo salón cuadrangular se transforma al interior en una sala circular sobre la que se eleva el nuevo tambor cubierto por una gran cúpula. Un cambio total en su aspecto según los nuevos gustos cortesanos, tanto al interior como al exterior del edificio. 

Esta importante y arriesgada puesta a la moda de una casa de campo torreada, convirtiéndola en un pabellón señorial con gran sala principal cupulada que reutiliza las estructuras preexistentes, llevó consigo problemas estructurales que se vieron rápidamente, de este modo en el mismo siglo XVII se tuvo que realizar un potente refuerzo del tambor.

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Una historia de la Guerra Civil que pudo inspirar a García Berlanga.
Texto: José Manuel Encinas Plaza
Arqueólogo/maquetista.

Hay muchos episodios de nuestra Guerra Civil que se mantienen al margen del casposo “y tú más”, la exageración, el revanchismo… Y sin embargo son Historia, con mayúsculas, pues hablamos de historias reales, bien documentadas y que nos sitúan en otras formas de visionar y entender el conflicto, trágico sin duda, pero que a veces nos sorprende cuando alguna de estas historias responde al dicho de que hay ocasiones en las que la realidad supera la ficción, al estilo de una película de Berlang

Supongo que habrá a quien le sature las celebraciones redondas, o a quien le resulte extraña la insistencia de recordar películas años después. Pero es que, en el caso del cine, unas veces por la calidad de la película, otras por los hechos extra-cinematográficos, y otras por su vigencia y posibilidad de continuar su explotación, merece su recuerdo y que nuevas generaciones recuerden el producto. 

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