El bombardeo de Braojos.
Eran frecuentes los intercambios de tabaco y otras cosas entre combatientes de ambas zonas, desobedeciendo al mando, que seguramente estaría al corriente de tales trapicheos. También se intercambiaban chascarrillos, algunos realmente graciosos que terminaban en coplas[1]. Entre los chiquillos de Lozoyuela, el niño Fermín, que entonces sólo tenía seis años, nos da su testimonio, que coincide hasta en los detalles con lo transmitido por la familia del teniente, pues el chaval gustaba de escaquearse para recorrer las posiciones y confraternizar con los soldados, ir al campo de aviación cuando había aviones, etc. En uno de estos chascarrillos de trinchera que presenció, llegaron comentarios de los soldados nacionales acantonados en Braojos sobre la mala puntería de los artilleros republicanos, lo que debió herir el amor propio del teniente José Polo, que estaba al mando de una de las piezas de 155, retando a sus enemigos a que era perfectamente capaz de dar de lleno a la iglesia ¡desde Lozoyuela! Su frase fue “Si quiero, te la cuelo por el campanario”.
Fermín contó que aquel teniente estuvo mucho tiempo haciendo cálculos hasta que, por fin, ordenó ajustar la pieza y cargó el proyectil al que previamente le había desactivado la espoleta. Es decir: No quería víctimas civiles, tan sólo demostrar que si se lo proponían eran capaces de hacer la guerra de otra manera. Y acertó el disparo, aunque más de uno debieron tirar, pues en la restauración sufrida por la iglesia de San Vicente Mártir en la década de 1990, aparecieron 3 bombas sin explotar. Otra fuente contrastada de esta anécdota proviene del profesor de música Julián Frías, que tenía casa en Lozoyuela.
Desplazándonos a Lozoya, se sabe que avisaron desde el bando nacional de que en cuestión de minutos iban a bombardear, para que el pueblo pudiese ser desalojado, pero no así los almacenes de suministros militares, a resguardo de los muros de la iglesia. Tras este bombardeo, el mando republicano decidió desalojar todas las poblaciones del valle.
En cuanto al llamado “Frente del Agua”, desde un razonamiento puramente militar, la voladura de las presas que suministraban el agua a Madrid hubiese sido técnicamente posible con el uso de la aviación, pero tal propósito no figuraba entre el mando del ejército sublevado, ya fuese por razones humanitarias o porque en su moral de victoria daban por hecho que tarde o temprano tomarían Madrid.
Se cuenta que en Paredes de Buitrago se celebró un partido de fútbol entre combatientes de ambos bandos.

[1] Recomiendo la película Posición avanzada, de 1966, protagonizada por Manuel Zarzo y Antonio Ferrandis, pues retrata como ninguna otra estas situaciones
José Manuel Encinas Plaza
Maquetista – arqueólogo.
