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LA AVIACIÓN EN LA SIERRA NORTE DE MADRID DURANTE LA GUERRA (PARTE PRIMERA. Capítulo 4 (2))

LA AVIACIÓN EN LA SIERRA NORTE DE MADRID DURANTE LA GUERRA  CIVIL DE 1936-39
PARTE PRIMERA. Capítulo 4 (2)

LOS NUEVOS INQUILINOS

Nuevo material en las FARE

José Manuel Encinas Plaza
Maquetista – arqueólogo

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Ilustración de un desigual encuentro entre dos Chatos (Polikarpov I-15) y Heinkel-51, este último de inferiores características. Ambos modelos eran idóneos para actuar desde pequeños campos improvisados y además pasaron a la historia como excelentes máquinas de asalto. Fuente: Wikipedia.

Los pequeños campos de aviación se convirtieron en excelentes bases para unos modelos determinados de aviones de asalto que empezaron a sustituir a los obsoletos aviones con que se comenzó el conflicto. Ya hemos visto que los rápidos y sofisticados monoplanos quedaron relegados a los mejores campos, con pistas más largas y en ocasiones pavimentadas. Sin embargo, en ambas zonas, el mando correspondiente encontró una práctica solución en dispersar los aviones de asalto en pequeños aeródromos. Aunque el planteamiento era el mismo, en la zona nacional se disponía de una mejor estructura logística, lo que se traducía en una óptima disponibilidad de aviones en todos los aspectos. Las Fuerzas Aéreas de la República Española (FARE) tenían que lamentar, a pesar de los denodados esfuerzos de Hidalgo de Cisneros, una pesadilla logísticacomplicada hasta el extremo por criterios políticos que no venían al caso, mientras en la Aviación Nacional se obedecía exclusivamente a criterios técnicos.

El gran número de diferentes modelos que intervinieron desde estos campos es exhaustivo para tratarlo en este trabajo y se saldría de contexto. Sin embargo, es más que suficiente tratar los más importantes en cada bando (2 ó 3 de cada) para entender el funcionamiento de estos aeródromos. Invariablemente, se trataba de biplanos, de concepción robusta y buenas características de pilotaje, especialmente en los difíciles despegues y aterrizajes que tenían que afrontar. En ambas zonas se utilizaron tanto aparatos diseñados ex profeso para el cometido de asalto (normalmente biplazas con el puesto trasero destinado a un observador-ametrallador) como cazas monoplazas de características adecuadas para este cometido, sin olvidar que también podían actuar en su papel original.

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Maqueta de un Polikarpov R-5 “Rasante”. Fuente: www.piezaapieza.net.

Atendiendo a las FARE, los aviones rusos de asalto conocidos como Polikarpov R-5 “Rasante” y Polikarpov R-Z “Natacha” fueron visitantes asiduos de estos campos. Robustos y bien armados para su cometido, eran eficaces si no aparecía la caza enemiga, pues eran presa fácil, por lo que necesitaban de escolta. En las fases finales del conflicto sufrieron muchas bajas, una vez que las FARE habían perdido la superioridad en el aire, debiendo sus pilotos afrontar en ocasiones, misiones realmente suicidas.

Sin embargo, la República contaba con el mejor avión de asalto de la guerra en cualquiera de los dos bandos: El Polikarpov I-15 “Chato”. Este pequeño biplano, concebido originalmente como caza, era todo un peso pluma armado hasta los dientes: 4 ametralladoras ligeras (los cazas de la época llevaban normalmente 2) y 4 lanzabombas, 2 en cada semiala inferior, para bombas ligeras antipersonal. El motor, un M-22 refrigerado por aire de 480 caballos, que aguantaba mucho castigo, era más que suficiente para mover con agilidad sobresaliente a este pequeño avión, pues la relación peso-potencia era excelente. Un ataque coordinado de una escuadrilla de Chatos contra las  osiciones enemigas podía ser devastador. Además, si la caza enemiga hacía acto de presencia, el Chato podía revolverse con furia y aceptar el combate con garantías de éxito. Más de un modernísimo Messerschmitt Bf-109, verdadero rey de las alturas, sucumbió ante las garras de los Chatos por confiarse demasiado y aceptar el combate cerrado a baja cota, terreno donde el Chato era superior.Francisco Tarazona, en sus memorias “Yo fui piloto de caza rojo” implora por la dotación de Chatos (a los que él daba escolta) en todas las escuadrillas de asalto: “No más Natachas, no más Rasantes...”. Se recurrió a fabricar este avión bajo licencia en Sabadell (1938) con una cadencia de dos aparatos por cada tres días laborables en su mejor momento, algo realmente excepcional. Al final de la guerra, los vencedores alistaron todos los Chatos capturados en sus escuadras de asalto, continuando además la actividad en Sabadell.

Para terminar, el historiador Justo miranda (el que definió al Chato como el avión guerrillero) hace un excelente resumen de este avión en una sola frase: “Daba mucho y pedía poco”.

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Insignia esmaltada de la aviación soviética con el perfil de un Chato. (colección del autor)

Modificado por última vez en Sábado, 05 Abril 2025 18:07

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