Españoles y extranjeros tenían que aprender mucho unos de otros.
El vuelo “a la española” (en campos improvisados).
Con tal denominación se conocía internacionalmente el modo hispano de proceder, nacido en las campañas africanas, que consistía en los despliegues ya vistos yademás en realizar las misiones a muy baja cota, tanto que era frecuente que los aviones regresasen con ramas en el tren de aterrizaje (que entonces era fijo, no abatible) o alguna rasgadura en el entelado de las alas y el fuselaje. El motivo de semejantelocura no era otro que sobrevivir al nutrido fuego enemigo, siendo avistados (y oídos) tan sólo en los momentos previos a efectuar la pasada de ataque, si era posible. Además, el tiempo de reacción del enemigo para efectuar una defensa eficaz era mínimo yel vuelo rasante no permitía al adversario hacer puntería de modo eficaz, pues los aviones no estaban tan expuestos al fuego antiaéreo, aunque las posibilidades de accidente se multiplicaban. En la Guerra Civil Española hubo tantas bajas por accidentes como por la acción directa enemiga.

Las misiones de caza y bombardeo requerían el domino de las alturas, debiendo adoptar técnicas muy diferentes, nada que ver con las de asalto aquí descritas, donde los españoles eran los amos. Más adelante, cuando se trate del nuevo material extranjerose hablará de la evolución de dichas técnicas y de su influencia en la guerra, quedando los campos improvisados en la sierra casi exclusivamente a la aviación de asalto.
Para terminar, como fuente verbal transmitida al autor por su tío-abuelo Guillermo Plaza Aylagas, mecánico de vuelo en aquellos años, algunas pinceladas del vuelo a la española:
“Ideamos un sistema de nudos corredizos para sujetar las bombas en las alas y que desatábamos en la carlinga a una señal del piloto”
Este invento enfureció a los asesores alemanes cuando lo instalaron en aviones civiles , pero en el verano del 36, ante la escasez de medios, se hizo necesario retomar algunos inventos de las campañas africanas, donde la aviación española realizó (en 1913) los primeros bombardeos de la historia con este sistema.
“Cuando un piloto novato aprendía una maniobra arriesgada y si la cosa se ponía fea, teniendo que saltar en paracaídas para evitar estrellarse, se le corregía en caliente: El tutor se lo llevaba a la cantina, se tomaban 2o 3 copazos y al chico se le ponía a los mandos de otro avión igual para que repitiese la maniobra. El método era realmente eficaz y nunca fallaba. Joaquín García Morato siempre decía que con dos capazos se pilotaba mucho mejor”.
“En una ocasión, un piloto me pidió que comprobase el funcionamiento del motor porque tendía a ratear, como si se fuese a parar. En tierra todo parecía normal, así que hubo que probarlo en vuelo, quedando en avisarle desde la carlinga trasera con unos toques en la cabeza cuando supiese en qué consistía el fallo. Le pregunté en qué situación o maniobra se producía el rateo,y me dijo: en un picado en barrena”.
